Más de tres décadas sobre la bici

Rehacerse de momentos difíciles, de malos resultados y peores sensaciones, es duro para cualquier deportista. De ello sabe mucho Javier Ruiz de Larrinaga, quien a sus 39 años acumula toda una vida dedicada al ciclismo: primero en carretera, donde fue un amateur con triunfos de nivel en varias estructuras y pasó dos años en profesionales con el equipo Kaiku, y después en ciclocross, al que se dedicó a tiempo completo desde finales de 2006 tras algunas incursiones en categorías inferiores.

El tesón, seriedad y capacidad de trabajo de este alavés de Ametzaga de Zuia le hicieron convertir lo que aparentemente podía ser un paso atrás en un enorme relanzamiento para su carrera deportiva. Campeón de Euskadi ese mismo 2006 y convocado con la selección española para el Mundial de Treviso trece meses después, tras un segundo curso con hasta nueve triunfos, la progresión de Larrinaga acabó llevándole hasta el paso lógico, pero a la vez inesperado: el Campeonato y la Copa de España, que conquistó de forma consecutiva en tres ocasiones para convertirse en el referente indiscutible del cross en nuestro país.

El difícil invierno 2011-2012, condicionado por una lesión en la pretemporada y seguido de percances y problemas físicos y de salud, le impidió rendir al mismo nivel en el año en el que buscaba consolidar su apuesta en el ámbito internacional. Aunque la temporada 2012-2013 estuvo marcada por una nueva lesión de rodilla, Larrinaga logró regresar a la primera línea, con 16 podios y cuatro triunfos que le devolvieron la ilusión.

Las tres campañas siguientes fueron las de la consolidación de una leyenda: dos nuevos rojigualdos, en Segorbe y Torrelavega, le dejaron a solo un título de igualar el récord de la modalidad. Vinieron, además, acompañados de una mejora sustanciosa en el campo internacional y de un asentamiento en el plano psicológico -donde la experiencia le convirtió en un rival temible– y también en la infraestructura de la que gozó hasta su retirada en 2019, un año en el que se mostró competitivo hasta el final.

‘Larri’ -o ‘Loyo’, en honor a su tío Jesús Ibáñez, profesional a principios de los años ‘80- sigue ahora el ciclocross tras las cintas, con el impulso de su Campus de ciclocross y diversas iniciativas encaminadas a acercar la modalidad a los más jóvenes, en quienes vuelca todos sus esfuerzos.