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Después de aquel año, en el que obtuve dos triunfos más, comprendí que había acabado un ciclo en Banaka. Había aprendido mucho corriendo fuera, pero estaba claro que tenía que marcharme de allí porque el equipo se había convertido en un desastre. Así que con la buena campaña que había hecho, y la ayuda de mi tío Txutxin recalé en el Olarra que entonces dirigía Arsenio González.

El cambio fue total. Todo era mucho más serio y organizado, y por eso me adapté muy pronto. Aquel 2001 lo pasé fundamentalmente trabajando para mis compañeros, aunque personalmente también hice alguna cosilla. Me sirvió para preparar con más ganas la siguiente temporada, un año que se presentaba clave ya que por mi edad, y dada la filosofía del equipo, era una de mis últimas oportunidades para llegar al profesionalismo.

Aquel 2002 lo preparé con más ambición que nunca, y con el objetivo siempre en la mente de rayar a un  buen nivel en la carrera de casa, la Vuelta a Álava. Cuando se acercaba aquel mes de abril, era consciente de que iba a ser el año que más fuerte llegaba a la cita, pero ni por asomo se me pasaba por la cabeza ganar. Incluso creo que había cinco o seis corredores más fuertes que yo en aquella vuelta, pero mi buen estado y las circunstancias de carrera hicieron que me llevara el triunfo.

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En el podio final de la Vuelta a Álava 2002. Un día inolvidable para mí.

La carrera llegó muy igualada a la crono del penúltimo día en Salinas, y ahí sí que fui el mejor de los favoritos. Fue la recompensa a la cantidad de veces que hice aquel recorrido entrenando tras el coche de mi madre Inmaculada. Allí me vestí de amarillo, y aunque el último día mi futuro compañero Dioni Galparsoro nos lo hizo pasar un poco mal, conseguí el sueño de cualquier ciclista alavés. Visto ahora, con la lejanía del tiempo, creo que no disfrute mucho aquel triunfo. Me vino tan de repente y era tan importante que no acababa de asimilar lo que suponía.

Pese a todo, guardo unos recuerdos imborrables de aquella semana, que para mí fue algo increíble. Parecía que el paso a profesionales estaba cantado. Era la tradición para todos los ganadores de la Vuelta. Además, redondeé aquel triunfo con otro en la etapa reina de la Vuelta a Navarra que acababa en San Miguel de Aralar. Estuve escapado casi toda la etapa con Hierro (Baqué) y Korovine (Saunier). Mi compañero Urretxua iba 3º en la general, y por eso no tiré en la escapada. Fueron otra vez las circunstancias de carrera las que me ayudaron a ganar en un año en el que parecía que la suerte me sonreía.

Después de aquello tuve una lesión, aunque me recuperé antes de acabar el año. Poco a poco me iba dando cuenta de que mis ilusiones de pasar al Euskaltel iban a ser en balde. No nos decían nada, y al final dijeron que no podían pasar a ninguno. El único que lo logró ese año y a última hora fue Dioni Galparsoro, curiosamente desde el Caja Rural.